Historia del Colegio

Foto antigua

El Colegio Tío Jorge inicia su andadura en el curso 1971. El nombre se debe  al reconocimiento del defensor del Arrabal en la Guerra de la Independencia: D. Jorge Ibort  Casamayor, agricultor del barrio que se puso a las órdenes del General Palafox.

Lo de “Tío”  es una deformación  tónica. Lo correcto debería ser “el tió Jorge” (el señor Jorge).

Su construcción se debe al aumento de población en la zona del Arrabal y a la demanda de plazas escolares que no puede atender el único colegio que había en la zona “Cándido Domingo”.

En origen no contaba más que con un patio de recreo (el de la fachada principal) para un total de 640 alumnos aproximadamente (hoy estamos en el centro 442)  y todo el edificio escolar estaba rodeado de antiguas torres y parcelas. Por ejemplo, la calle valle de Zuriza no existía, se cortaba a mitad de calle porque se ubicaban los restos de una torre.

Con el boom constructivo y expansión de la zona del Arrabal a finales de los 70 y principios de los 80 se pudo negociar con las empresas constructoras la cesión de terrenos para hacer el patio trasero a cambio de poder hacer edificaciones más altas y poder abrir así la actual calle Garcipollera.

El Colegio empezó como un centro de EGB (Ley General de Educación de 1970). Entonces acogía alumnos de 1º a 8º (de 6 a 14 años) y el centro contaba con aula de pretecnología,  de música y como el centro era mixto contaba con dos vestuarios con duchas; uno para chicos y otro para chicas donde se cambiaban cuando había educación física.No existían las aulas de Educación Infantil.

En el curso 1975-76 contó con una unidad de Párvulos de 5 años. Y con el paso de los años se ha ido adaptando a las nuevas legislaciones: tanto los espacios, como las edades de los alumnos, como los estudios realizados en él. En estos momentos es un Centro Bilingüe de Inglés de Educación Infantil y Primaria y se imparte Francés como segunda lengua en 5º y 6º de Primaria.

Son miles los chicos y chicas del Arrabal, hoy ya padres y algunos abuelos,  que han recibido una formación educativa y humana en el Colegio. Depositaron en él su confianza porque nos siguen trayendo a sus hijos y nietos como sabemos los que llevamos treinta años trabajando en el mismo.

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